Dr. Raphael Mechoulam, 90 años persiguiendo sus sueños

El descubridor del THC se ha pasado media vida buscando y analizando los efectos de los cannabinoides

El mundo cannábico está de celebración, la próxima semana el descubridor del THC, el Doctor Raphael Mechoulam, cumplirá 90 años. 90 años de investigación, de lucha y de un deseo: Que en un futuro no muy lejano haya mucha más inversión para que el cannabis sea investigado y que sus cannabinoides puedan ser aprovechados al 100%.

raphael mechoulam
El llamado “padre del THC” cumple 90 años.

Raphael Mechoulam nació en Sofía, actual capital de Bulgaria, en noviembre de 1930 en pleno periodo de entreguerras. Pese a eso, tuvo una infancia bastante feliz, debido a que su padre era médico y tuvo que viajar por muchos pueblos pequeños que necesitaban un facultativo. Poco después capturaron a su padre y lo enviaron a un campo de concentración. Salió unos meses más tarde y en ese momento fue cuando él y toda su familia se mudaron a Israel por culpa del antisemitismo. Su adolescencia fue muy dura, tenía 19 años cuando hicieron ese viaje que cambió por completo su vida. Al poco tiempo de llegar a Israel comenzó a estudiar ingeniería química, pero finalmente se decantó por la química. En sus inicios, cuando estaba en el servicio militar, empezó a trabajar con el ejército israelí en la elaboración de insecticidas.

Cinco kilos de hachís fueron el detonante del descubrimiento de Raphael Mechoulam

Cuando Mechoulam ya se había convertido en científico, después de pensar y analizar mucho, señaló que un científico tiene el deber de buscar temas importantes que ayuden a la sociedad y pensó que analizar en profundidad el cannabis era uno de ellos. Su primera experiencia con el cannabis fue con un pequeño saco de cinco kilos de hachís.

raphael mechoulam
Raphael Mechoulam con una de las plantas de cannabis de su laboratorio.

Fue a los pocos años, en 1964 para ser exactos, cuando consiguió aislar por primera vez el cannabinoide tetrahidrocannabinol o THC, eso lo consiguió gracias a ser una de las primeras personas que utilizó las técnicas modernas de la época para aislar los elementos. Hasta ese momento nadie en el mundo había pensado en la composición química que tienen los cannabinoides. Por lo que Mechoulam pensó que había llegado el momento de aportar algo a la ciencia y a la historia.
Poco tiempo después del descubrimiento, él y un grupo de científicos decidieron probar este nuevo elemento en seres vivos, concretamente con monos. Se pudo observar que sí que les afectaba, ya que los animales empezaron a tranquilizarse gracias al efecto del THC.

La tarta científica de la señora Mechoulam 

Pero sus ansias de saber cosas acerca de este cannabinoide le hicieron probarlo con humanos. Este es el punto donde entra su mujer, con la que lleva casado casi 70 años. El caso es que el Dr. Mechoulam invitó a un grupo de amigos, 10, a su casa para que probaran una tarta que había hecho su mujer a la que se le añadieron unos 10 mg de THC por cada porción. De esos 10 amigos solo 5 probaron la tarta con THC, para sorpresa de Mechoulam, a diferencia de lo que había ocurrido con los monos, cada uno de ellos experimentó algo distinto, desde no poder parar de hablar, reír, o sufrir un ataque de ansiedad. Este experimento hizo que Mechoulam se interesase mucho más por los efectos que produce este cannabinoide en humanos.

En el año 1980 Mechoulam y un grupo de científicos siguieron investigando y realizaron una prueba con humanos que sufrían epilepsia. Se le administró a cada uno de ellos un porcentaje de unos 200 mg de cannabidiol o CBD, un cannabinoide que tiene la misma estructura molecular que el THC y que permite que los efectos medicinales que tiene el THC duren un poco más en el cuerpo humano. Ese experimento funcionó y la epilepsia desapareció de todos los que fueron tratados con este cannabinoide.

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Raphael Mechoulam explicando la estructura molecular del CBD.

Para que un experimento científico llegue al mundo y esté registrado tiene que estar publicado en una revista científica. El caso es que este experimento, que sí funcionó, se publicó, pero no ha habido ninguna novedad al respecto en cerca de 40 años. Mechoulam destaca que no ha cambiado nada en ese tiempo aun sabiendo los beneficios que pueden llegar a producir estos cannabinoides.

Raphael Mechoulam y su equipo empezaron a investigar 

A raíz de esas investigaciones un grupo de científicos liderados por el doctor descubrieron que los cannabinoides se adaptan bien al cerebro humano. Esto se debe a que dentro de él se encuentra el sistema endocannabinoide, un sistema que está considerado como el encargado influir en el dolor, apetito y en este caso, modificar los distintos efectos que produce el cannabis en los seres humanos.

Como consecuencia de todos estos experimentos anteriores, a finales del siglo pasado Mechoulam y su grupo de científicos señalaron que los cannabinoides en muchas ocasiones funcionan mejor de forma conjunta que si se administran por separado, a esto lo bautizaron como el conocido efecto séquito.

Enero 2006
Raphael Mechoulam recibiendo el Honoris Causa de la Universidad Complutense de Madrid en enero 2006.

El Doctor Mechoulam ha recibido multitud de premios en todos los puntos de planeta por su afamada trayectoria científica. En enero del año 2006 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid. Ha recibido este título de otras prestigiosas universidades como la universidad de Ohio. También ha sido nominado para obtener el Premio Nobel, pero es algo que, por el momento, se le ha escapado.

El Doctor Mechoulam no pierde la esperanza

Mechoulam sabe que no le queda mucha vida por delante y en el fondo muestra su preocupación por si en un futuro la gente empieza a inventarse problemas físicos y mentales para poder aprovecharse de los beneficios del cannabis. El Doctor solo espera que algún día se consiga que el estudio y el uso del cannabis y sus cannabinoides de forma medicinal se usen en el día a día de la medicina, pero siempre con cabeza y para mejorar la vida de los seres humanos.
También deja un pequeño halo de esperanza respecto al futuro de estos elementos y señala que países como Israel están ayudando económicamente a investigar los cannabinoides. Añade que la sociedad puede ir en buen camino si se siguen haciendo este tipo de cosas, pero sin parar en ningún momento.